Vergüenza humana

Galería de Malinches y Judas criollos,
Es fácil esquivar la lanza,
más no el puñal oculto.
Proverbio Chino

Así como hay libros que narran la historia y museos que muestran fósiles de dinosaurios, criaturas que vivieron hace millones de años, en el futuro cercano, una vez apagada la llama de violencia golpista que hoy asola a Venezuela, se escribirán obras que contarán los hechos monstruosos como ellas, cometidos por Malinches y Judas criollos y se montarán galerías con los rostros de esos que traicionaron la patria y la Revolución Bolivariana para venderlas al Imperio como mercancía, por un puñado de dólares.
Son los autores de esa vil acción que el DRAE, al describirla, dice: “traición, falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se guardar o debe tener. Delito cometido por un civil o militar que atenta contra la seguridad de la Patria -y- “Alta traición”, -la que perpetró esa canalla- la cometida contra la soberanía, o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado.”
La perpetraron en todas sus formas y acepciones, quebrantando la lealtad que debían guardar hacia quienes confiaron en ellos; atentando contra la seguridad de la patria y la llevaron al más bajo nivel de su miseria con la “Alta traición” que cometieron contra la soberanía, el honor, la seguridad y la independencia del Estado”.
Por vergüenza humana, no merecen ni siquiera que sus nombre se mencionen, pero han quedado grabados para siempre en la memoria colectiva del pueblo que los trasmitirán a las generaciones y líderes revolucionarios del futuro, que así podrán reconocer y detener a tiempo el puñal de algún traidor que pretenda hacer lo mismo que ellos, que disfrutaban de toda la confianza y credibilidad del liderazgo revolucionario no sabiendo que lo traicionaban.
Una plaga social, tan antigua como la humanidad, que con el devenir del tiempo se convirtió en pandemia alcanzando todos los ámbitos de la cultura y demás formas de la actividad humana, como Ariadna y Circe y en la mitología; Macbeth y Yago en literatura; Almagro en Diplomacia; Judas y Dalila en religión y en Política, Quisling, Petain y esa horda de gobernantes vasallos extranjeros y criollos que traicionaron a la Patria de Bolívar.
Asestaron puñaladas por la espalda, difícil de evadir, pues como afirma el sabio y milenario refrán chino: “Es fácil esquivar la lanza, más no el puñal oculto”, y a quienes lo esgrimen como ellos, Dante en la Divina Comedia, dice que les está reservado el Noveno Círculo del Infierno, el más alejado de Dios”, donde vivirán eternamente.
Tomaron el camino que siguió Judas al vender a Jesús, su maestro y guía; el de Malinche, la indígena mexicana, que entregó a su pueblo a Cortéz, el invasor extranjero, dejando para la posteridad sus nombres como sinónimo de traición que termina llevando a veces a quienes la cometen, atormentados por el recuerdo de su crimen, al suicidio o al paredón de fusilamiento.
Como le ocurrió a Francisco Fernández Vinoni, el subteniente de origen canario de las fuerzas patriotas que el 30 de junio de 1812 en Puerto Cabello se sublevó a favor de los realistas junto con otros oficiales, apoderándose de las armas y municiones liberando a los prisioneros españoles, traicionando al entonces coronel Simón Bolívar, comandante de la guarnición de la estratégica plaza, cuya pérdida fue una de las causas de la caída de la Primera República.
Siete años después, la noche del 7 de agosto de 1819, día que conquistó la victoria en la Batalla de Boyacá que dio la libertad a Colombia, El Libertador, recorría el campo de prisioneros, cuando escuchó una voz que reconoció al instante. Era la de Vinoni, el autor de aquel acto de “Alta Traición” que lo persiguió en el recuerdo durante ese tiempo, quien juzgado y condenado, fue fusilado inmediatamente.
Que no lo olviden la suerte que corrió ese traidor, esos que, atraídos por el deslumbrante verdor del dólar, dejando atrás lealtades y fidelidades, hoy cierran filas con los golpistas que hacen vida en derruida MUD y la desacatada Asamblea Nacional, insepultos cadáveres políticos, golpistas de oficio que desde hace más de 18 años por orden de su amo desataron un golpe de Estado continuado, contra Chávez y contra Maduro.
Porque, aunque afortunadamente para ellos no enfrentarán el paredón de fusilamiento, una vez apagado las llamas de la violencia, destrucción y muerte que han desatado, serán juzgados y condenados a varios años de cárcel, porque como dijo Horacio hace más de 2.000 años: “La justicia aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”.
Y es que, Cegados por la ambición, desplegaron durante todo ese tiempo, las más brutales conjuras, y maniobras desestabilizadoras, sin tomar en cuenta el daño que le hacían a un pueblo al que pretendían que con la escasez, acaparamiento y desabastecimiento de alimentos, medicinas que provocaban, molesto y enojado se rebelara contra el gobierno.
Pero ni ese, ni demás componentes de la guerra psicológica, económica, política, diplomática, financiera, monetaria y comercial que desataron, lograron doblegar la indoblegable resistencia de ese pueblo, que lejos de ser un traidor como lo son ellos, se mantiene firme, leal y fiel a la Revolución Bolivariana, proceso socialista opuesto al Capitalismo salvaje predador de las libertades y soberanías de países como Venezuela, negados a convertirse en sus lacayos.
De allí que, ilusos, en el marco de sus planes, decidieran como último recurso, enviar a un traidor como ellos a ametrallar y bombardear desde un helicóptero las sedes del TSJ y el MIJP, con lo que pensaban se iniciaría una rebelión militar seguida de una guerra civil y finalmente la intervención militar de EEUU, y quedaron como siempre, lamiéndose las heridas de otro más de sus fracasos.
Y es que son tan ingenuos o estúpidos, que ignoran, a pesar de estar plenamente comprobado, como quedó demostrado el 13-A, que existe un pueblo y una Fuerza Armada Nacional Bolivariana, comprometidos con el legado libertario de Bolívar y de Chávez, continuado por Maduro, dispuestos a velar, luchar y entregar la vida si fuese necesario en defensa de la Revolución Bolivariana.
Ya es tiempo de que dejen de pensar en destruir ese proceso que fue ejemplo para otros pueblos y líderes progresistas y revolucionarios de la Patria Grande que se hallaban sojuzgados por gobiernos vasallos de EEUU, se rebelaran y cambiaran el mapa político, económico y social de la región reviviendo el sueño integrador de Bolívar bajo impulso e inspiración de Chávez.
Que dejen a un lado el terror, caos y horror que desatan al quemar seres humanos vivos, incendiar las calles, comercios, ambulancias, gandolas, escuelas, casas-cunas, libros, universidades, escuelas, y liceos; de atracar y camiones, autobuses y saquear vehículos que transportan alimentos, mercados populares; de asaltar centros de acopio de Mercal donde robaron centenares de toneladas de alimentos que iban a ser distribuidas por los CLAP al pueblo.
De matar a balazos a los conductores de vehículos cuando estos intentaban remover los obstáculos y “guayas” asesinas
que colocan en avenidas y autopistas y que degollan motorizados durante los “trancazos”; de tratar de linchar a quien protesta pidiendo que lo dejen pasar por la barricada que le impide pasar con su auto en dirección a su hogar, a su trabajo o a una clínica.
De convertir en gigantescos y basureros las ciudades donde realizan sus sangrientas marchas “pacíficas” donde dejan, además del hedor de los desperdicios que arrojan, el olor a sangre y muerte de las vidas inocentes que caen abatidas por la ira y el irrefrenable odio demencial y compulsivo que los lleva a cometer esos crímenes
Que no insistan en la estupidez de creer que podrán lograrlo, porque seguirán, como masoquistas, chocando, más que contra una simple piedra, contra la monolítica roca de la Revolución Bolivariana y contra el pueblo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que están alertas y aplastarán cualquier nuevo intento que hagan por orden de su amo, cansado de seguir apoyándolos.
Contraria a esa posición es la del gobierno bolivariano, que apoya irrestrictamente y defiende al pueblo en todos los frentes de batalla de la guerra de Cuarta Generación lanzada por EEUU y la oposición golpista, como lo hizo ayer Maduro al decretar un nuevo aumento salarial , esta vez del 50% a los trabajadores para neutralizar su inmoral acción desestabilizadora que a través del sector comercial y de servicios a diario aumentan los precios al consumidor.
En este sentido, el Presidente-Obrero dijo que “voy a “sacar una consulta nacional para una ley y para un conjunto de acciones para la Constituyente, que regularicen los precios y castiguen a los que suban los precios y ayuden a la especulación. Por eso necesitamos la Constituyente, para acabar con el Golpe de Estado, con la Guarimba, con la Guerra económica. Denme la Constituyente y vamos por la batalla de los precios”.
Sus palabras además de estar dirigidas al pueblo venezolano, fueron un mensaje directo de disuasión dirigido al Imperio y a los Estados vasallos que lo apoyan en su vil tarea conspirativa, para que se miren en su espejo y vean cómo están, sumergidos en los abismos de violencia y muerte que trataron de arrojar a Venezuela.
Porque su maldad se devolvió como bumerang contra ellos, hundiéndolos en los precipicios del crimen, de la droga que producen y trafican esos lacayos y consume EEUU, el mayor consumidor de ese veneno en el planeta.
De los asesinatos de negros y latinoamericanos que a diario cometen los policías blancos y las masacres de estudiantes por psicópatas en escuelas, liceos, universidades y clubes de las ciudades estadounidenses y los crímenes perpetrados por sicarios del gobierno y las transnacionales contra luchadores sociales de esos países gobernados por lacayos imperiales.
Pero se les acaba el tiempo, de allí su desesperación por el fracaso de todo lo intentado hasta ahora para derrocar al Presidente Maduro, los llevó a pasar, de la violencia callejera, al terrorismo de la guerra aérea, otro error y otro fracaso que acumula en el amplio prontuario delictivo que exhibe EEUU, ese imperio que ha dejado de ser lo poderoso que era.
Y es que está debilitado por las guerras de conquista que en su compulsivo y demencial afán por conquistar el mundo desató a lo largo y ancho del planeta, porque de no hacerlas se desintegra el Capitalismo predador sistema que lo rige y vive de ellas, y como ha sido derrotado en esas aventuras bélicas, hoy es fiera en agonía que lanza sus últimos zarpazos tratando de atrapar a Venezuela.
Pero la Patria de Bolívar no está sola, la defienden, además del pueblo y la FANB que es el mismo pueblo, otros pueblos dignos y soberanos de la Patria Grande y del resto del mundo que saben que la de la Revolución Bolivariana es una causa justa, que lo que único que persigue es la felicidad del pueblo, por lo que rechazan y condenan su brutal embestida y la de sus sumisos vasallos.
Y que a Venezuela se le respeta, y eso debe recordarlo siempre todo aquel que insolente, pretenda ofenderla o hacerle daño, ya se trate de un imperio, o de un grupo vasallos extranjeros, y criollos como esos Malinches y Judas traidores que “se secaron” tratando de destruir la Revolución Bolivariana y fracasados, hoy no tienen más destino que la cárcel y el basurero de la historia.

03/07/2017 - 12:40 pm