Ofensiva Bolivariana contra violencia contrarrevolucionaria

Venezuela es escenario de la eterna lucha entre el Bien y el Mal, entre la verdad y la mentira generada por la ambición y codicia de quienes la usan para destruir la Revolución Bolivariana y despojar al pueblo de las conquistas sociales, económicas y políticas alcanzadas, desatando una espiral de violencia, destrucción y muerte, a la que el mandatario venezolano respondió con una ofensiva general en todos los frentes de batalla.
En la primera línea está el llamado a la convocatoria a una Asamblea Constituyente hecha por el Presidente Nicolás Maduro el 1º de mayo, acompañado de otros, todos dentro del marco constitucional, como el diplomático, económico, social y militar y otros en “reserva”, llamados a derrotar a los violentos, que han dejando una vez más al desnudo su demencial accionar desestabilizador y su condición de vasallos imperiales.
Fue una acción planificada, coordinada y ejecutada por el tren ejecutivo nacional en consejo de ministros con Maduro, el Presidente-Obrero al frente, como comandante en jefe de la FANB que movilizó 2.000 efectivos de la GNB y un contingente de 600 elementos de las fuerzas especiales al Estado Táchira, fronterizo con Colombia donde la violencia desestabilizadora ha estado más activa
Fue allí, donde un grupo atacó hace pocos días un cuartel militar del Ejército venezolano ubicado en el centro de San Cristóbal disparando armas de fuego y lanzando bombas molotov, hecho terrorista que el ministro de la Defensa, Gral. Vladimir López Villegas denunció como un acto terrorista que pudo haber provocado una tragedia de impredecibles consecuencias, ya que en su interior hay explosivos, armas y combustible.
También en esa zona, declaró el Gral. Néstor Graterol, titular del despacho de Relaciones Interiores, Paz y Justicia, hace 5 días fueron asesinadas tres personas, incendiados seis establecimientos comerciales, bloqueadas con obstáculos varias vías y capturados seis (6) paramilitares colombianos que vestían uniformes de la Policía Nacional Bolivariana.
La práctica de importar mercenarios colombianos viene siendo utilizada desde hace tiempo por los conspiradores venezolanos tras el fracasado golpe de Estado del 13-A de 2002, cuando trajeron al país, escondieron y entrenaron en la hacienda Daktari del municipio El Hatillo del Estado Miranda, convertido en feudo de los conspiradores, a 153 paramilitares cuya misión era la de asesinar al Presidente Chávez, pero fueron capturados en la madrugada del 9 de mayo de 2004.
En el frente diplomático, Rafael Ramírez, representante de Venezuela ante la ONU, desbarató la emboscada tendida por la delegada de EEUU en el Consejo de Seguridad que pretendía se discutiera la situación de Venezuela, utilizando el ridículo y absurdo argumento de compararla con la de Siria, donde el imperio y sus secuaces europeos y los terroristas que arman, entrenan y financian han convertido en gigantesco cementerio con su guerra de conquista.
“No aceptamos injerencias ni tutelaje”, fue la contundente respuesta del diplomático patriota a las pretensiones de la embajadora yanqui, quien supo entender lo que Ramírez le decía cuando mención las palabras “injerecia” y “tutelaje”.
Porque, no son meses, sino más de 18 años que EEUU adelanta planes orientados a destruir la Revolución Bolivariana y que al ser ejecutados, han sido derrotados, como lo fue el sabotaje petrolero que paralizó el tránsito automotor en el país, robó la Navidad a la niñez venezolana, secuestró tanqueros; desató un boicot marítimo y aéreo; el golpe del 11-A, el intento de magnicidio contra Chávez; la Salida con sus guarimbas y barricadas asesinas y esta última intentona golpista del fascismo que también tiene el sello indeleble del fracaso.
Y es que sobre el andamiaje de violencia, muerte y destrucción levantado por esa canalla que usa niños como carne de cañón en sus marchas, a sicarios que matan a su propia gente ya que necesitan alimentar con muertos la insaciable sed de mentira de los medios mercenarios que distorsionan la verdad informando que son asesinados por los cuerpos de seguridad, que no usan armas de fuego para contenerlos, se yerguen incólumes, como al final siempre sucede, la razón, la verdad y la justicia.
Porque el gobierno bolivariano, que en medio de todas las dificultades generadas por la guerra económica, política, financiera y monetaria del fascismo nacional e internacional, sigue proporcionando, al pueblo trabajo, educación gratuita con computadoras; sistema de salud con cobertura nacional y más de millón y medio de viviendas, equipadas y dotadas de todos los servicios, caso único en el mundo.
Una Revolución que sirvió de ejemplo para que otros pueblos hermanos y sus líderes progresistas y revolucionarios se rebelaran contra el Imperio y las oligarquías que los gobernaban que cambiaron el mapa político, económico y social de América Latina y el Caribe y que hoy luchan como Venezuela contra la conspiración de EEUU y sus secuaces, gobiernos fascistas de la región y Europa y la caterva de apátridas que buscan con esta nueva asonada golpista devolverlos a épocas de sumisión hace tiempo superadas.
No podrán, porque Venezuela no está sola y tiene amigos poderosos en todo el mundo, como China, Irán y Rusia, cuyos líderes hablan poco, pero saben actuar cuando las circunstancias así lo exigen, como lo hizo Vladimir Putin en su conversación del miércoles con Nicolás Maduro al reiterarle su decisión de apoyarlo en su lucha contra las hordas de conspiradores venezolanos y extranjeros que pretenden destruir la Revolución Bolivariana.
No podrán, porque los hijos e hijas de Bolívar y de Chávez, liderados por Maduro heredero de su legado libertario, sabrán defender hasta con sus vidas si fuese necesario al inédito y pacífico proceso político e ideológico del eterno y supremo comandante,
Y sobre todo, porque a Venezuela se le respeta y aquel que no lo hace, “se seca”, como se secaron los que con sus conjuras intentaron violar la dignidad y soberanía de la Patria de Bolívar y Chávez, y como se “secarán” los que le hoy pretenden hacerlo.

19/05/2017 - 06:48 am