EEUU y Europa buscan ampliar su prontuario delictivo de saqueadores de pueblos

Caracas, 20 Nov. AVN.- La victoria electoral de Hugo Chávez en 1998, punto de partida de la Revolución Bolivariana que cambiaría el mapa político, económico y social de América Latina y el Caribe, activó las alarmas en Estados Unidos y Europa ante la amenaza que el proceso significaba para esos seculares saqueadores de los pueblos, lo que hizo que el imperio yanqui, su líder, reaccionara brutalmente para conjurar el peligro que constituía para el capitalismo predador que rige en esas naciones y su órbita de influencia.
Lo hizo, primero contra el comandante eterno, y cuando éste partió hacia la inmortalidad y gloria, lo continuo contra Nicolás Maduro, su hijo político y heredero de su legado libertario, en una conspiración internacional acompañada de una legión de gobernantes de Estados vasallos europeos y latinoamericanos y apátridas criollos, utilizando las herramientas propias de un conflicto bélico en sus diversas modalidades.
Y es que la muerte de 43 venezolanos en los cuatro meses de 2014 que duró La Salida, de los 125 asesinados (10 sólo en un día) entre abril y julio de este año, civiles militares, policías abatidos por disparos de francotiradores, por bombas, el bombardeo de edificios, la quema de personas vivas, el incendio de una casa/cuna y un kinder, sólo pueden darse en un escenario de guerra como la desatada por el fascismo desde el mismo día en que el eterno comandante asumió la Presidencia.
Una mezcla de guerra convencional y de cuarta generación que, en vez de efectivos militares, aviones, tanques y navíos, usa medios mercenarios que en sus espacios de información y opinión utiliza las letales armas de la calumnia y la mentira, presentando al Gobierno Bolivariano y a su líder como victimarios, cuando lo cierto es que son víctimas de una conjura que persigue los fines más perversos y diabólicos.
Para nadie es un secreto la razón de esa aventura conspirativa que busca apropiarse de sus recursos naturales, incluyendo las inmensas reservas que Venezuela tiene de materiales estratégicos, que tanto necesitan para su desarrollo, hoy en franco declive.
Como el agua, el “oro azul” que abunda en sus grandes y caudalosos ríos y acuíferos que silenciosos corren bajo la superficie, el “oro amarillo”, metal que hay en las corrientes hídricas y minas, y de coltán, cuyo valor se estima en 100.000 millones de dólares.
Los necesita urgentemente, pues el petróleo que explota por métodos convencionales y utiliza para movilizar su maquinaria bélica en sus guerras de conquista se agota, y el de esquisto, que venía extrayendo en grandes cantidades mediante el método del “fracking’’, buscando hacer realidad su viejo sueño de “poner de rodillas” a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), lo está abandonando, ya que resulta más costosa su explotación que el precio de venta y porque provoca sismos y envenena el agua y el ambiente.
De allí que su codicia y ambición, imitando a los antiguos alquimistas, se concentró en lograr la fórmula de “fabricar” oro, y creyó hallarla con la guerra económica, política, monetaria, financiera, diplomática y psicológica que con sus secuaces declaró al Gobierno y al pueblo venezolano para adueñarse de sus recursos naturales, que valen más que todo el oro del mundo.
La embestida más brutal jamás conocida por la historia, que sólo el estoicismo e indoblegable resistencia del pueblo revolucionario, del Gobierno y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que la enfrentan con decisión, lealtad y valentía la avalancha del accionar conspirativo que pretende apoderarse del país para devolverlo a una época superada usando como cómplices de ese crimen de lesa patria a unos apátridas traidores.
No se conocía, a lo largo de los más de dos siglos de historia de la vida republicana de Venezuela, de alguien capaz de prestarse al más ruin de los actos que pueda realizar alguien nacido en esta tierra, como es el traicionar a su patria, hasta que Julio Borges lo hiciera a nombre de la caterva de vende patrias que le acompañan en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), cómplices del imperio en su empeño por saquear el petróleo, el gas y los minerales estratégicos del país.
Hasta hace poco tiempo sólo se sabía que lo que lo único que perseguían Estados Unidos y las potencias europeas era hacerse del petróleo, y otros recursos naturales, pero últimamente su codiciosa mirada se posó sobre el coltán y demás minerales estratégicos que sólo hay en los llamados países del “tercer mundo” y no en los industrializados, como Estados Unidos y otros de Europa, que por no poseerlos ven comprometido su futuro desarrollo.
De allí que, acostumbrados como están desde hace siglos a saquear las riquezas de los pueblos, antes que pagar por ellos, prefieran robarlos, como lo están haciendo en El Congo sus transnacionales, las que para facilitar su saqueo promueven guerras tribales que dejan decenas de miles de muertos, como la guerra civil que Estados Unidos y sus lacayos pretenden lanzar contra Venezuela, a petición de los apátridas traidores de la MUD.
Y es que además del presidente Maduro, sus colaboradores en el Gobierno, expertos en la materia, se cuentan por decenas los analistas de los medios progresista que denuncian ante el mundo la conjura que adelanta EEUU y sus lacayos europeos para apropiarse de la ingente riqueza de recursos naturales que posee Venezuela, tanto de su gas y su petróleo como de los materiales estratégicos, entre ellos el coltán, cuyas reservas son gigantescas.
Uno de ellos es Emir Cordero, quien en su trabajo sobre el tema, titulado Geopolítica de los Materiales Estratégicos. La Guerra del Coltán en El Congo, desnuda la criminal y amoral conducta de Estados Unidos y potencias europeas que desde hace siglos saquean el oro, la plata, las maderas preciosas y demás recursos de muchas naciones y desde hace décadas el gas y su petróleo, entre otras riquezas.
Abarca, entre varios temas, el robo del Coltán y otros minerales estratégicos, como es el caso de la República Democrática del Congo, pero es tanta su demanda, dado su gran valor y necesidad que tienen del mismo para consolidar su condición de potencias industriales, que buscan saquearlo, no importa donde se halle, y uno de esos lugares donde abunda es Venezuela, de allí la razón de la brutal guerra lanzada contra el país de la Revolución Bolivariana.
Su trabajo investigativo, publicado en el portal Aporrea, parte del cual es la siguiente síntesis, comienza diciendo:
“La combinación entre un desenfrenado consumismo incentivado por una de las industrias más poderosas de los Estados Unidos, la de la publicidad (“advertising”), y la creciente escasez de recursos naturales imprescindibles para preservar el patrón de consumo y despilfarro del capitalismo desarrollados ha tenido como consecuencia inevitable la vigorosa militarización de la política exterior de los Estados Unidos.
Esto ha traído como consecuencia la sobreexplotación de los recursos naturales, hasta tal punto que se está haciendo cada vez más difícil la reposición de los renovables y es inminente el agotamiento de los no renovables.
Muchos de los conflictos actuales que se dan en el mundo tienen que ver con el acceso a esos recursos minerales, a hidrocarburos y al posicionamiento geopolítico. La guerra de Irak por el petróleo se disfraza de guerra contra el “terrorismo”.
Las guerras del Congo por el coltán, un mineral imprescindible para los teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos, se nos venden como guerras tribales entre hutus y tutsis, grupos que habían convivido durante milenios hasta el descubrimiento de los yacimientos requeridos por Occidente.
Los asesinatos de dirigentes sindicales en Colombia que luchan contra las condiciones que las multinacionales imponen en ese país (Coca Cola - FEMSA, por ejemplo, que financia a los paramilitares a cambio de que le sirvan como sicarios que asesinen a los sindicalistas molestos), se presentan como ajustes de cuentas entre narcotraficantes o entre grupos irregulares; la lucha de los Ogoni, en el delta del Níger, contra la extracción del petróleo, se presenta como una lucha irracional contra el progreso y el desarrollo.
La avaricia, el irrespeto a la naturaleza, el consumismo estimulado (obsolescencia programada y obsolescencia percibida), el materialismo, el frenesí depredatorio, la amenaza, injerencia e intervencionismo militar por parte de las naciones imperialistas consumidoras ha traído serias y preocupantes repercusiones, tales como guerra entre naciones, millones de muertos por el contrabando y control de los recursos estratégicos, daños ambientales por la manera artesanal, descontrolada e irracional de explotar la biodiversidad, minería y recursos hídricos.
La consecuente destrucción del hábitat natural de los animales, la eliminación sistemática de especies en peligro de extinción, contrabando apoyado por las empresas transnacionales de la electrónica, que causarían escándalo y estupor al Cacique Seatle. En verdad, es muy salvaje este neolibero-capitalismo.
Así lo señala Renán Vega Cantor, en su ensayo Colombia en la Geopolítica Imperialista: El capitalismo de nuestros días requiere materiales y energía más que en cualquier otro momento de su historia, como resultado de varios procesos complementarios: el aumento del consumo a nivel mundial, a medida que se extiende la lógica capitalista de producción y derroche.
La incorporación de países como China, India, Brasil y Rusia a la órbita del capitalismo mundial, mediante la producción de manufacturas o materias primas; las innovaciones tecnológicas y la producción de mercancías electrónicas de consumo masivo precisan de minerales y materiales para asegurar su producción. En pocas palabras, la generalización del american way of life, requiere de un flujo constante de petróleo y materiales para asegurar la producción de mercancías que satisfagan los deseos hedonistas, artificialmente creados, de cientos de millones de seres humanos en todo el planeta.”
El ensayista sostiene que “para mantener el nivel de producción y consumo del capitalismo se requiere asegurar fuentes de abastecimiento de recursos materiales y energéticos, los cuales se encuentran concentrados en unas pocas zonas del planeta, y no precisamente en los Estados Unidos, Japón o la Unión Europea, que tienen déficits estructurales tanto en petróleo como en minerales estratégicos.”
El autor antes citado pone en cifras la cruda realidad y el peligro que comporta la escasez de materia prima para las potencias industrializadas capitalistas imperiales. Él sostiene que “en el escenario de esa guerra mundial por los recursos, América Latina es uno de los principales campos de batalla porque suministra el 25 por ciento de todos los recursos naturales y energéticos que necesitan los Estados Unidos.
Además, los pueblos de la América latina y caribeña habitan un territorio en el que se encuentra el 25 por ciento de los bosques y el 40 por ciento de la biodiversidad del globo. Casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata son parte de sus riquezas, y guarda en sus entrañas el 27 por ciento del carbón, el 24 por ciento del petróleo, el 8 por ciento del gas y el 5 por ciento del uranio. Y sus cuencas acuíferas contienen el 35 por ciento de la potencia hidroenergética mundial.
También nos advertía magistral y dramáticamente, Fidel Castro, de los peligros que se ciernen sobre el planeta, por culpa del capitalismo extractivo destructor, con estas palabras:
“… Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo. Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del Medio Ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad.
Con sólo el 20 por ciento de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.
Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la Naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto”.
Hasta aquí parte de ese ensayo que pone una vez al descubierto ante el mundo la secular e insaciable voracidad de los gobernantes yanquis y europeos, que los llevó a saquear ayer el oro y la plata de los pueblos del planeta, riqueza con la que se convirtieron de países muy pobres o arruinados en grandes imperios, y que hoy, en decadencia, roban sus materiales estratégicos, pesando que podrán evitar la inexorable desaparición a la que están condenados todos los imperios.
Y es que no podrán seguir robando impunemente, porque su ambición y su codicia será frenada, ya que los pueblos como el Congo al que hoy saquean, despertarán, como despertó el de Venezuela, como otros que lo hicieron tras un letargo de siglos adquiriendo la conciencia política, económica y social que les permitió identificar a esos saqueadores de oficio, y que unidos, más temprano que tarde, los arrojarán al basurero de la historia.

20/11/2017 - 11:41 am